Tailandia está dando pasos decididos para posicionarse como un referente regional en el mundo de los activos digitales. Con una estrategia bien definida que combina incentivos fiscales, programas piloto de pagos controlados y una regulación progresiva, el país busca atraer talento e inversión en el ecosistema Web3 sin renunciar a la supervisión estatal.
Política clara: atraer sin desregular
El Ejecutivo tailandés ha adoptado un enfoque proactivo, invitando abiertamente a empresas de fintech, emisores de stablecoins y proyectos Web3 a establecerse en el país. El mensaje es directo: se puede innovar, pero dentro del marco legal. Esta visión forma parte de una agenda más amplia de modernización financiera, que incluye desde pagos 24/7 hasta la integración de activos digitales en sectores clave como el turismo y el comercio exterior.
Los reguladores, por su parte, han recibido instrucciones de acelerar aprobaciones sin comprometer la protección del consumidor. El resultado es un ecosistema en crecimiento, compuesto por operadores autorizados, con solvencia demostrada y alineados con los estándares internacionales.
Incentivos fiscales como motor de cambio
El paquete de medidas aprobado por el Gobierno en junio de 2025 marca un antes y un después. Entre ellas destaca la exención del impuesto sobre las plusvalías generadas por operaciones con criptomonedas realizadas a través de plataformas reguladas, vigente hasta 2029. Además, las transacciones de criptoactivos realizadas dentro del sistema regulado están exentas del IVA.
⚡️JUST IN: THAILAND GOES TAX-FREE ON CRYPTO UNTIL 2029
🇹🇭Thailand just extended its capital gains tax exemption on crypto — no taxes on profits for 4 more years.
Thailand’s rolling out the red carpet for crypto degens! pic.twitter.com/EivVUzBIyS
— Coin Bureau (@coinbureau) June 17, 2025
Estas ventajas fiscales crean un entorno favorable para la inversión y promueven la transparencia, reforzando el mensaje de que cumplir las normas tiene recompensa.
Pagos con cripto: pasos medidos, pero firmes
Aunque desde 2022 está prohibido el uso directo de criptomonedas como medio de pago en comercios, el gobierno ha optado por soluciones intermedias. A través de pilotos, los turistas pueden adquirir criptomonedas y realizar pagos que se convierten instantáneamente a baht tailandeses. Los comercios reciben moneda local sin exponerse a la volatilidad, mientras los visitantes disfrutan de una experiencia sin fricciones.
Este modelo de conversión permite apoyar al turismo —uno de los pilares económicos del país— sin romper con el marco legal vigente.
Más allá de la especulación
El objetivo no es fomentar el mero intercambio especulativo. En áreas como las remesas, los criptoactivos ofrecen una vía rápida y económica para transferencias transfronterizas. En turismo, permiten pagos más fluidos. Bancos y fintechs ya exploran la tokenización de activos financieros, lo que abre la puerta a una mayor inclusión inversora y reducción de tiempos de liquidación.
Además, empiezan a emerger startups locales centradas en juegos, entradas tokenizadas o programas de fidelización basados en blockchain.
Una apertura controlada
Pese a su ambición, Tailandia avanza con cautela. Los operadores deben cumplir con estrictas normativas de identificación, prevención del blanqueo de capitales y supervisión de liquidez. La estrategia gubernamental es gradual: abrir, observar y ajustar. Este enfoque por etapas genera confianza entre actores tradicionales y reduce riesgos sistémicos.
¿Un paraíso cripto?
Aunque aún es pronto para hablar de un «paraíso», Tailandia está sentando bases sólidas. A diferencia de la desregulación, su modelo apuesta por institucionalizar el uso de blockchain y criptoactivos en sectores clave. Si mantiene el rumbo, el país podría consolidarse como el nuevo polo cripto del Sudeste Asiático.
En definitiva, Tailandia no solo está enviando señales, sino tomando decisiones concretas. Y el sector global ya empieza a mirar con atención hacia Bangkok.
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